–Por favor cuídate guatón.

–Eres un exagerado.

Gastón Vidaurrázaga y su padre.

Gastón y su padre (Fuente: Grupo memoria Gastón)

La historia de Gastón parte en 1946, año en el que María Yolanda Manríquez se casó con Manuel Alberto Vidaurrázaga.  Ambos fueron profesionales. En el caso de María estudió leyes e ingresó al Poder Judicial en 1970, mientras que Manuel estudió arquitectura y trabajó como funcionario civil en la Fuerza Aérea de Chile (Fach).

El matrimonio dio paso a una familia compuesta por cinco hijos: Patricia Eugenia, Alberto Enrique, Ignacio, Yolanda y Gastón. El último hijo de la pareja, “el guatón”, nació el 4 de agosto de 1956.

En 1968 la familia sufrió un fuerte golpe, Manuel murió y María, que hacía poco había terminado la universidad, debió emprender con todas las tareas de la familia. En ese momento Ignacio y Gastón estaban estudiando en el Liceo de Aplicación.

Ignacio y Gastón Vidaurrázaga con uniforme

Ignacio y Gastón Vidaurrázaga con uniforme (Fuente: Grupo memoria Gastón)

Luego de ingresar al Poder Judicial, María fue destinada como jueza en Calama, donde tuvo que partir con sus hijos menores. Este cambio marcó la vida de Ignacio y Gastón. Del Liceo de Aplicación llegaron al Colegio Obispo Silva Lezaeta, un colegio donde se encontraron con todo el espectro social de la época.

Desde pequeño Gastón mostró una clara inquietud sobre el arte. “Gastón no paró de dibujar. En realidad, lo hacia desde niño, pintando incluso las puertas de su casa”, escriben sus compañero en un texto titulado ‘El Guatón Paulo, el artista que fue maestro de resistencia popular’.

Con 14 años y viviendo en Calama, Gastón decide que el arte es su pasión y emprende rumbo a Santiago a la Escuela Experimental Artística. Con él se lleva su inquietud por la política y la lectura.

Ya en 1973 Gastón era activo militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), al igual que su hermano Ignacio.

Durante sus años de clandestinidad, una clandestinidad poco clandestina que preocupaba a su hermano Ignacio, trabajo en el frente de masas del MIR, hacía clases en una población de Pudahuel y empezó a armar su familia.

El 6 de septiembre de 1983 nace Valentina. “La llamamos Valen, de valiente”, decía Gastón riendo comentan sus compañeros, quienes además agregan “era su orgullo”.

“Con su hija Valentina, hemos hablado de su identidad, de crecer sin un padre, de conocerlo en fotos, por relatos, de verlo en sus trabajos pictóricos o dibujos, de imaginarlo. Cada vez que viene a Chile, pareciera que carga otro espacio en su mochila y poco a poco reconstruye la memoria de ese padre que dejo de ver una noche de dictadura cuando tenía apenas tres años”, escribe su hermano Ignacio.

–¿Quién no tomó desayuno?

Infografía sala Escuela experimental artística

Infografía sala de la Escuela experimental artística del curso de Gastón Vidaurrázaga.

Pupitres de a pares distribuídos en tres hileras daban estructura a la sala. Un pizarrón de tiza usaba el muro frente a los pupitres, mientras a la izquierda dos grandes ventanales daban luminosidad al lugar. Tres lavaderos grandes ubicados hacia el final de la sala daban cuenta de que el edificio, en primera instancia sería para laboratorios de química. Finalmente, en el fondo de la sala, se encontraba un piano de cola, un detalle coherente con el nombre de la institución. Escuela experimental artística.

Gastón era parte de un curso de 31 estudiantes, de los que solo 24 aparecen en la lista histórica de estudiantes del colegio dice Juan Mayor, compañero de curso de Gastón: “Yo tengo la lista que fue publicada por los directores de la escuela, pero no aparecen varios. No aparece el Gastón, no aparece el Huaso Reyes… hay varios que no aparecen”.

Gastón siempre llevaba al colegio cerca de media docena de panes con queso y jamón para sus compañeros que no habían tomado desayuno. “A veces salía apurado, medio dormido, entonces no tomaba desayuno y cuando llegaba a la escuela el Gastón me salvaba”, dice Juan.

Siempre sentado en la primera fila, en el pupitre junto a la puerta, Gastón pasaba el día en clase o leyendo. Fue desde ese lugar que se levantó para dar una clase sobre el contexto histórico europeo luego de criticar a un profesor de castellano por no mencionarlo.

El siglo de oro español fue el tema de varias clases que impartió el profesor de castellano Luis Droguett. Luego de algunas sesiones sobre la lengua española en su época más gloriosa, Gastón intervino ante un profesor evidentemente molesto.

–Lo que pasa es que usted hay una parte muy importante que no ha querido tocar, respecto al contexto en que se produce todo esto, el contexto histórico de europa.

Todo el curso ya había intuido la fascinación del profesor Droguett por el siglo de oro español, por lo que la molestia no era sorpresa y menos su reacción.

–Haber, haga usted la clase entonces si sabe más que yo.

Sin dudarlo y seguro de su conocimiento se paro frente a sus compañeros, tomó la tiza y la llevo hasta la pizarra.”Este compadre se dibujó un mapa de Europa, así a capela, y nos empezó a hacer una clase de todo el contexto histórico, las razones y las circunstancias que ocurrían en toda Europa que permiten el siglo de oro español”, recuerda con risa Juan.

El profesor miró y prestó atención como un estudiante más. “Gastón hizo su clase y al final lo aplaudimos, porque era estudioso él, se manejaba muy bien, era un tipo muy preparado. Era admirable… andaba siempre leyendo, era mateo, inquieto el cabro”, recuerda hoy, con casi 58 años, Juan Mayor a su compañero Gastón Vidaurrázaga que fue asesinado a un mes de haber cumplido los 30 años. ¿Su pecado? Haber hecho frente a la dictadura militar de Augusto Pinochet.

–Señor, cómo es que usted pretende tener un diálogo franco con nosotros sobre arte y la historia del arte sin abordar los temas religiosos y políticos, cuando la historia del arte en su conjunto no es sino la historia de la religión y la historia de la política. Si vemos lo que son las grandes obras pictóricas y las grandes obras de arte que tiene la humanidad, todas están referidas a la divinidad, a dios, a la virgen y a la política…

“…el guatón te salía con cualquier cosa”, recuerda Ricardo Aguilera, quien era el presidente del centro de alumnos de la Escuela experimental artística y dirigente del Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER).

Un auditorio lleno de estudiantes esperaba dialogar con un sacerdote que había invitado una profesora de la escuela. Todos esperaban una conversación difícil y acalorada, donde el centro sería la contradicción política entre izquierda y derecha. Un discusión que en 1971 se daba en todos los ámbitos de la vida de los chilenos.

“Lo primero que se me pasó por la cabeza es que era Opus Dei y discutirle a un cura bien preparado… no era llegar y sentarse a discutirle”, dice Ricardo, quien tuvo que moderar la conversación que inició el sacerdote.

–Soy un sacerdote español, estoy de visita en Chile y escuche de esta escuela artística. Hoy me gustaría tener con ustedes un diálogo franco, pero dado el contexto político que se está viviendo no abordemos temas políticos ni religiosos.

El primero en levantar la mano fue Gastón Vidaurrázaga, conocido militante del FER, estructura estudiantil del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La relación entre Gastón y Ricardo no era fácil. “El guatón siempre andaba provocando. Yo personalmente siempre me sentí cuestionado por él”, dice Ricardo. Esos problemas en la relación de ambos llevó a que ese día, aunque fuera el primero en levantar la mano, no fuera el primero en recibir la palabra.

Su herramienta indispensable era su maletín, no sólo llevaba los cuadernos y casi media docena de panes para repartir entre sus compañeros, también cargaba con varios libros. “Su bolso me acuerdo estaba lleno de libros, ni te imaginas tomarlo, si era prácticamente una maleta de libros”, dice Juan Mayor, compañero de curso de Gastón.

Todos reconocían su pasión por la lectura y su basto conocimiento. “Era un tipo muy preparado, era admirable porque era uno de los más preparados del colegio, (…) estamos hablando de un cabro de unos 16 años”, dice Juan. Esa preparación es la que le permitió razonar y hacer frente a la exigencia de no abordar temas políticos y religiosos en la conversación con el sacerdote.

Luego de la intervención de Gastón todo quedaron en silencio y razonaron que el argumento era correcto. “Yo lo encontré genial, y para mí fue inesperado, fue un razonamiento perfecto y fatal”, dice Ricardo con insistencia y genuina admiración.

Dentro del silencio el sacerdote pide la palabra y se sincera ante un grupo de jóvenes que expectantes esperaban una confrontación de ideas:

–Tengo que pedirle disculpas. Creo que los he subestimado. Efectivamente es imposible hablar de historia del arte sin hablar de la fe, de la religión, de la historia y la política.

La intervención de Gastón llevó la conversación hacia la política y la religión en la historia del arte. “La conversa se fue para donde tenía que ir y el detonador y el autor de eso fue el guatón. Sin la reflexión del guatón eso habría derivado en cualquier cosa”, insiste Ricardo.

–Pero cómo guatón, ya salió el material y nos quedamos sin nada. Te quedaste dormido.

–¿Qué?

En 1971, por instrucción de la Comisión Política del MIR, se forma un grupo de estudiantes para organizar una estructura estudiantil del movimiento en las escuelas técnicos-profesionales, industriales y especiales. Todo en vista hacia la ya próxima elección de la Federación de Estudiantes Industriales, Técnicos y Especiales de Chile (FEITECh).

Dentro de este grupo, liderado por Jorge Martínez y que respondía directamente a Nelson Gutiérrez, comenzó su tarea de militancia Gastón Vidaurrázaga.

Las tareas de acción de masas y propaganda, que consistían en rayados y entrega de material impreso sobre el MIR, era parte importante de la labor que debían realizar. “El guatón siempre estaba ahí, listo y dispuesto para las tareas que nadie quería”, dice Jorge.

La entrega del material, tanto impreso como para hacer rayados, se realizaba en las oficinas que tenía el movimiento en el barrio Bellavista.

–¿Quién puede ir a buscar material?

–Yo voy.

De madrugada y con libros para leer, Gastón hacía guardia en la oficina del Comité Central desde antes de las 3 de la mañana. Un día el cansancio lo venció y sus ojos se cerraron.

“Como a las 4 de la mañana pasan a avisarme que ese día no iba a salir material. No era como ahora, tenía que partir al local para buscar donde estaba el guatón y decirle que no iba a haber material”, dice Jorge. “Cuando llegué no estaba en ningún lado, no lo encontraba… después de un rato buscando lo encuentro en una de las salas acostado entre dos sillas durmiendo. Obligado a molestarlo”.

Gastón es reconocido, por quienes lo conocieron, como alguien riguroso y disciplinado. “Era todo un cuadro”, es una frase típica entre los miristas. Su rigurosidad no solo era para cumplir las tareas del partido, sino también en su ansias de saber. Siempre andaba con un libro distintos bajo el brazo.

“La vez que lo pillé durmiendo mientras esperaba retirar materiales y le dije que ya se habían llevado todo casi se muere. Me pedía disculpas y no lo podía creer”, dice Jorge mientras intenta imitar una voz más ronca para recrear el diálogo.

Otro recuerdo común entre los que conocieron a Gastón es su gastronomía. “Era tonto para los fideos con salsa”, dice Jorge. Su gusto por la comida simple era claro para Jorge, “su dieta eran panes o fideos con salsa”.