Por Christian Martínez.
Un auditórium colapsado, viejos amigos se reencuentran, frente a la gente una abogada, un sobreviviente y un sacerdote esperan para empezar el acto. Son las 6:40 de la tarde del 21 de agosto, el cielo esta nublado y cada tanto caen gotas que avecinan lluvia.

El 23 de agosto de 1984 -hace ya casi 25 años- en Los Ángeles, Valdivia y Concepción fueron asesinados Juan Boncompte, Mario Lagos, Rogelio Tapia, Nelson Herrera, Luciano Aedo, Mario Mujica y Raúl Barrientos. Siete padres, hijos, esposos y militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). La operación de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) se denominó “Alfa carbón 1”
En memoria de los siete combatientes se realizó un acto donde expuso la abogada encargada del caso, Magdalena Garcés, el sobreviviente de los hechos Rodrigo Muñoz y el sacerdote-periodista Enrique Moreno Laval, uno de los primeros en denunciar la acción de la CNI.
El mismo sacerdote-periodista tendría en sus brazos, días después, a la pequeña hija de uno de ellos, Javiera, a quién rescató desde un hogar de carabineros. Hoy, 25 años después, se vuelven a encontrar.
Los recuerdos brotaban, el fervor de una lucha extraviada en el olvido volvía, las lágrimas caían, las palabras sobraban y los aplausos se extendían. Siete personas, siete familias, siete compañeros y amigos. Cientos y cientos de asistentes que los recuerdan.
La culpa de sobrevivir y un testimonio desgarrador marcaron el ambiente. Un compañero que no pudo convencer a su amigo de replegarse días antes de su asesinato y un sacerdote que vio los cuerpos ya helados y baleados de dos de los caídos.
En el término de este espacio de recuerdo se presentó un emotivo video realizado por los hijos de Mario Mujica, Mario Lagos, Nelson Herrera y Luciano Aedo, en memoria de sus padres y sus otros compañeros.
“Yo abría los ojos en el momento que mi padre los cerraba… cuando yo abrí los ojos era él el que miraba a través de los míos” fueron las palabras de uno de los hijos, en el video, al recordar a su padre, al que nunca conoció en persona, sino que a través de sí mismo.